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lunes, 13 de mayo de 2013

ATENTADO A JUAN PABLO II

13 DE MAYO
Se cumplen 32 años del atentado a Juan Pablo II Los récords de Juan Pablo II




El primer intento de asesinato contra el papa Juan Pablo II tuvo lugar el miércoles 13 de mayo de 1981, en la plaza de San Pedro, situada en el Vaticano.

 Mehmet Ali Ağca disparó contra el papa cuatro veces mientras éste entraba en la plaza. A causa de los graves disparos, el papa perdió bastante sangre y tuvo que ser hospitalizado.





Juan Pablo II. Hoy 13 de mayo de 1981 atentado contra Juan Pablo ...

El papa fue llevado al Palacio Apostólico para un primer diagnóstico, ya que exteriormente la herida no parecía seria. Pero una vez que se midió su pulso y presión fue evidente que el papa estaba en peligro y se avisó a una ambulancia.

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A pesar de que la bala había evitado tanto la aorta abdominal como la arteria mesentérica, Juan Pablo II perdió casi tres cuartos de su sangre, sufriendo un shock por desangramiento, debido a la perforación intestinal.
Archivo:PapalAssassinationAttemptMarker.jpg
 El papa fue operado por el Dr. Francesco Crucitti en el Policlínico Universitario Agostino Genielli, el centro traumatológico afiliado a la escuela de Medicina de la Universidad del Sagrado Corazón.

 Este centro siempre tiene una serie de habitaciones reservadas para el uso del papa. Juan Pablo II pasó por casi seis horas de cirugía intestinal de emergencia, que requirió transfusiones y una colostomía temporal que luego tuvo que ser deshecha.

Uno de los tres cirujanos jefes del Gemelli, el doctor Francesco Crucitti, se había enterado del atentado en el hospital de Via Aurelia. Subió corriendo a su coche, cruzó la ciudad en dirección prohibida por una calle de dos carriles, aplacó con palabras a un airado policía armado con metralleta e irrumpió en el Gemelli, donde “un genio desconocido” (son sus palabras) había pensado en llamar a todos los ascensores de la entrada en previsión de su llegada.

Juan Pablo II, tiroteado
 Subió a la novena planta y fue asaltado por las enfermeras y los ayudantes, quienes le arrancaron la ropa y le pusieron la bata y el calzado esterilizado, mientras el doctor se lavaba con la máxima rapidez. Otro médico gritó desde la sala de operaciones: “Presión 80, 70, sigue bajando.” Crucitti entró en el quirófano, donde el Papa estaba siendo anestesiado, y puso manos a la obra


La bala de Agca había hecho estragos en el interior del abdomen del Papa. Cuando efectuó la primera incisión, Crucitti encontró “sangre por todas partes”, tres litros que fueron succionados para que pudiera identificarse la fuente de la hemorragia (la amenaza inmediata a la vida del pontífice).
Cortada la hemorragia, e iniciadas las transfusiones, la presión sanguínea y el pulso de Juan Pablo aumentaron y fue posible seguir operando, en palabras posteriores de Crucitti, “con más calma”. A1 explorar el abdomen del Papa el cirujano encontró heridas múltiples, algunas de ellas por impacto directo y otras por el efecto explosivo de la bala al penetrar en el cuerpo.


 El colon estaba perforado, y en el intestino delgado había cinco heridas. Hicieron falta unas cinco horas de cirugía para cerrar las heridas del colon, extirpar cincuenta y cinco centímetros de intestino y realizar una colostomía provisional.

Posteriormente Juan Pablo diría que “una mano disparó y otra guió la bala”. Era la confesión de una intervención milagrosa que hasta el más descreído habría tenido tentaciones de reconocer. Agca, asesino profesional, había disparado a bocajarro, y a pesar de ello la bala que hirió al Papa pasó a pocos milímetros de la arteria principal del abdomen.

 De haber penetrado en ella, Juan Pablo habría muerto desangrado antes de ser trasladado a la ambulancia desde el papamóvil. Además, la bala, que podría haberlo paralizado, no había afectado la columna vertebral ni ninguno de los centros nerviosos importantes de su posible ruta.
 Con toda claridad, el disparo de Agca se había desviado al chocar con el dedo del Papa, que estaba roto. Al salir de su cuerpo, la bala cayó al suelo del papamóvil, de donde sería recuperada. Otro disparo, el segundo, rozó el codo de Juan Pablo antes de herir a dos peregrinas estadounidenses.

El Papa permaneció otros cuatro días en la unidad de cuidados intensivos del policlínico. Al día siguiente de la operación recibió la Sagrada Comunión y, el 17 de mayo, empezó a concelebrar desde la cama.
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El 14. volviendo en sí, preguntó a monseñor Dziwisz si ya habían rezado completas, la última oración del día litúrgico. Dziwisz explicó con dulzura que ya era la tarde siguiente, pero desde ese momento Juan Pablo siempre rezó la liturgia completa de las Horas, recitada por otro en su lugar hasta que tuvo fuerzas para rezarla con Dziwisz o su otro secretario, el padre John Magee.

El 17 de mayo, los peregrinos de la plaza de San Pedro oyeron un mensaje grabado de Juan Pablo II, que estaba decidido a no saltarse su cita de todos los domingos al mediodía. Las últimas palabras eran: “Me siento especialmente próximo a las dos personas que resultaron heridas junto a mí. Rezo por el hermano que me disparó, y a quien he perdonado sinceramente. Unido con Cristo, Sacerdote y Víctima, ofrezco mis sufrimientos a la Iglesia y al mundo. A ti, María, te repito: Totus tuus ego sum.”

Resultado de imagen de atentado de  juan pablo ii


Varios meses después tuvo una infección de citomegalovirus, debido a haber recibido transfusión de sangre fresca que no había sido suficientemente tratada, por la urgencia con la que se había efectuado dicha transfusión.
 Ağca fue apresado inmediatamente y sentenciado a cadena perpetua por un juzgado italiano. Posteriormente el papa perdonó a Ağca por haber intentado asesinarlo.



Cuando estuvo con el papa en la prisión Rebibbia de Roma la primera vez después de su intento, Ağca, un asesino profesional, le preguntó como había conseguido sobrevivir.
El papa, que había estado consciente hasta el momento de entrar en el quirófano, presintió que sobreviviría, creyendo de corazón en la intercesión de la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima (quien, en una de sus apariciones a los tres niños había profetizado que un «Obispo de blanco» sería atacado)

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 El presidente italiano Carlo Azeglio Ciampi otorgó el indulto a Ağca a petición del papa, tras lo cual fue deportado a Turquía en junio del 2000.

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